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Mausoleo de Los Amantes
La historia de Isabel y Diego ha inspirado numerosa iconografía. Recordemos en este aspecto el grandioso cuadro de Muñoz Degrain "Los Amantes de Teruel" propiedad del Museo del Prado o el bellísimo altorrelieve del escultor Aniceto Marinas que remata la monumental escalinata de la estación de Teruel.
Pero sin lugar a dudas, la imagen más representativa y conocida es la del espléndido mausoleo, bajo el que reposan los restos de Isabel y Diego, inspirada obra del escultor
Juan de Ávalos.

El origen del mausoleo data de mediados de los años 50, durante una visita que el autor realizó a Teruel a instancias de sus amigos Clemente Pamplona y José MĒ Belloch, decididos impulsores de la historia de los Amantes y autores de una
obra de teatro sobre la misma que con gran éxito de público fue puesta en escena.
Juan de Ávalos comprendió enseguida toda la belleza y poesía del drama amoroso de Isabel y Diego y acertó de pleno al plasmarlo en las dos figuras que rematan el mausoleo sobre dos bellísimas cajas de celosía labrada en alabrastro.

Las bellísimas y perfectamente labradas de Isabel y Diego, reposan con sus cabezas ligeramente inclinadas una hacia la otra, y la mano de Isabel extendida hacia la de Diego sin apenas rozarla, gesto este que simboliza toda la poesía y la grandeza de su amor imposible.

El gesto de esas dos manos que no se rozan se ha convertido así en el símbolo universal del amor y es, sin lugar a dudas, la imagen que mejor define e identifica la universal historia.

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de 10h. a 14h. y de 16h. a 20h.
Agosto horario ininterrumpido


Los restos de los Amantes
Las momias de Isabel y Diego que actualmente reposan bajo el espléndido mausoleo de Juan de Ávalos, fueron descubiertas en el año 1555 al realizar unas obras en una de las capillas de la Iglesia de San Pedro, según atestiguan escritos de la época.

Permanecieron visibles hasta que en el año 1578 fueron enterrados de nuevo en la capilla de los Santos Médicos San Cosme y San Damián de la misma iglesia de San Pedro, por mandato del entonces obispo de Teruel D. Andrés Santos.

Conocedor de la historia, el notario Yagüe de Salas ordena su desenterramiento y da fe de su existencia y de toda la historia en su famoso Protocolo Notarial, documento imprescindible para el conocimiento de la historia de los Amantes.
Desde 1619 hasta 1675, los restos de Isabel y Diego debieron permanecer expuestos al público en la citada iglesia, aunque no consta el lugar exacto, para posteriormente ser guardados en un armario o alacena fuera del recinto sagrado.

Ya a principios de siglo XVIII los restos se trasladaron a un mal llamado panteón, situado en el claustro anejo a la iglesia para poder ser visitados por los viajeros que acudían cada vez en mayor número a Teruel, atraídos por la difusión que empieza a alcanzar la historia.

Durante siglo y medio permanecieron expuestos en aquel lugar dentro de un pequeño armario situado en uno de los ángulos del claustro.
Existe constancia escrita de que el Rey Fernando VII acudió a visitarlos en dicho lugar durante su estancia en Teruel los días 13 y 14 de abril de 1814.
A mediados del siglo XVIII se hicieron numerosas proposiciones para que los restos momificados de los Amantes viajaran por toda España expuestos en urnas de cristal con el fin de recaudar los fondos necesarios para la construcción de un digno panteón en que enterrarlos.La idea no prosperó, pero sin embargo con los beneficios obtenidos de las representaciones teatrales de la obra "Juan sin tierra" que tuvieron lugar en Teruel, una comisión presidida al efecto por el Gobernador Civil, D. Miguel Díaz, encarga una urna apropiada para albergar las momias. El templete, más que una urna por su forma y disposición, fue realizada por el ebanista turolense Policarpio Serrano y colocado en una sala colocada al efecto en el claustro de la citada Iglesia de San Pedro.
Así permanecieron hasta el 27 de mayo de 1902, fecha en que fueron trasladados y depositados en dos sarcófagos de madera tallada con tapa de cristal en la misma capilla que hoy reposan.

Durante nuestra Guerra Civil (1936-39) los restos fueron trasladados para su custodia a los sótanos del Convento de las Monjas Carmelitas de la ciudad, para una vez finalizada la contienda, ser devueltos a su anterior emplazamiento.
Ya en el año 1955, con ocasión de los actos organizados para conmemorar el IV Centenario de su descubrimiento, el diario local "Lucha" inició una campaña a nivel nacional para la definitiva construcción de un digno mausoleo. Y aun cuando la campaña no tuvo el éxito deseado desde el punto de vista económico, Juan de Ávalos, durante su primera visita a Teruel a instancias de los más destacados promotores de los actos, "horrorizado ante la visión del espectáculo de aquellas momias", según sus propias palabras, se comprometió a hacer algo digno de acuerdo con la historia.

Tan sólo unos meses después, Juan de Ávalos regalaba prácticamente su espléndida y bellísima obra al pueblo de Teruel, logrando de esa manera que el definitivo enterramiento de Isabel y Diego se convirtiera en el más bello símbolo del amor y en lugar de obligado perenigraje para todos los visitantes que acuden a Teruel.