
FEBRERO - Las bodas de Isabel de Segura
Aprovechando la leyenda de Los Amantes de Teruel -a la
que en 1843 dio fama literaria Juan Eugenio Hartzenbusch-
y tratando de coincidir
con San Valentín, ella
y un grupo de gente inquieta organizaron una representación popular a
la que denominaron Las Bodas de Isabel. Con el paso del tiempo se ha extendido
de tal manera que toda la ciudad se ha visto involucrada, desde particulares,
asociaciones culturales, colegios y agrupaciones, hasta instituciones administrativas.
Las calles de Teruel mudan su aspecto, sus gentes se visten de época,
sus farolas se tornan antorchas, su asfalto en tierra y paja, sus coches en animales,
y el sonido que se escucha en sus esquinas y plazas es el lamento de una historia
de amor apasionado y el de los tambores, gaitas y clarines que lo acompañan.
Los actores principales de este drama de amor son aficionados lugareños
que sienten pasión por su ciudad.
La obra consta de varios actos que se distribuyen a lo largo de los cuatro días
que dura. Un guionista, reclutado por concurso, se encarga de idear tramas para
que todas las agrupaciones medievales -casi sesenta entre órdenes militares
y religiosas, gremios, familias, encomiendas, etc.- tengan su encaje argumental
en el drama originario de Isabel de Segura y Diego
de Marcilla, muertos por amor
el uno por el otro, tras una boda convenida e inconveniente.
Para quien no conozca la leyenda, venga este recordatorio: En
los primeros
años
del siglo XIII suenan en Teruel campanas de boda. Un caballero exhausto llega
a las murallas por la puerta norte. Es Diego de Marcilla, que vuelve a toda prisa
a su tierra tras varios años de luchas y penurias en los que consiguió honor
y riqueza para poder casarse con su amada Isabel de Segura, pues el padre de ésta
le había dado un plazo para mejorar fortuna y desposarla.
Los ecos de esas campanas se convierten en punzadas en el corazón de Diego
al enterarse de que es Isabel quien se acaba de casar con Don Pedro de Azagra,
señor de Albarracín. Los antiguos amantes se encuentran y el varón
le pide a su amada un beso de despedida. Cuando ella se niega, él cae
muerto de amor y pena.
Durante el cortejo funerario que se celebra al día siguiente, una misteriosa
mujer se acerca al cadáver, deposita un beso y fallece también.
Es Isabel de Segura que se va al encuentro de su amante en la otra vida. Las
familias, conmovidas por su amor, deciden enterrarlos juntos.
La bella leyenda, por cierto, se ha visto este año reforzada con las pruebas
científicas a las que han sido sometidas las momias que duermen en el
mausoleo esculpido por Juan de Ávalos, confirmando
que son de la época
en la que se sitúan los hechos, aproximadamente.
Desde la primera edición de Las bodas de Isabel en 1997 se han ido involucrando
poco a poco todos los ciudadanos de Teruel y ahora toda la ciudad recupera ese
aspecto bullicioso de los festejos medievales. Sin embargo, han surgido algunos
problemas referentes a la fecha, pues el Ayuntamiento de Teruel ha firmado un
acuerdo con una institución veterana, el Centro de Iniciativas Turísticas,
que patrocina desde hace mucho tiempo la imposición el fin de semana más
cercano al día de San Valentín de la `medalla
de los amantes´ a aquellas
parejas que reúnan los méritos.
Como es evidente, la ciudad no tiene infraestructura suficiente para acoger a
los dos eventos y el consistorio ha primado la tradición del CIT sobre
la relevancia social y económica de Las bodas de Isabel. La ciudad acoge
a cientos de visitantes –el año pasado fueron cerca de 30.000- y
las tiendas, hoteles, pensiones, restaurantes y bares obtienen unos ingresos
extraordinarios.
No obstante, con la implicación de las instituciones se han ampliado las
actividades paralelas y se han abierto tres carpas en las que hay sendas pantallas
para poder ver la representación con comodidad, actuaciones de grupos
de música folk, exhibiciones de oficios tradicionales, mercado, además
de todas las `jaimas´ que acogen a las cofradías.
Así pues, aunque la obra de teatro siga siendo medular, lo que la circunda
también se ha convertido en principal y lo que importa verdaderamente
es que, durante un fin de semana, esta capital, cuyo mudéjar es patrimonio
de la humanidad, se llena de fiesta medieval gracias a una iniciativa privada.
Títeres, saltimbanquis, malabares, mercadillos, tenderetes, procesiones,
etcétera, inundan las calles de esta vieja y olvidada ciudad y con su
alegría recuerdan a los políticos locales, autonómicos y
nacionales que Los amantes de Teruel existen, Las bodas de Isabel existen y que
Teruel también existe, a pesar de algunos.
» El mausoleo de los amantes
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