
JULIO - Fiestas La Vaquilla del Ángel
Dedicadas al
Santo Angel, patrono de la ciudad, rememoran la legendaria
fundación de Teruel por parte de unos
caballeros aragoneses tras tomar la fortaleza musulmana a la
que les condujo un toro bravo. El festejo más popular
es el toro ensogado, que corre por las calles entre los quiebros
de los mozos, especialmente el del lunes. Pero sobre todo,
es una fiesta popular y callejera, con actuaciones, bailes,
jotas, dances, tracas de fuegos artificiales y vaquillas.
LA PROFANACION DEL TOTEM, SIMBOLO DE OCCIDENTE
El animal totémico de esa tierra es Tauro, es un toro
- o "torico", que es el diminutivo cariñoso
con que denominan las cosas que aman-, y al torico se le rinde
culto anual en las fiestas de "la Vaquilla del Angel",
durante las que el toro se convierte en el protagonista de
la vida turolense, un toro al que no se agrede, un toro al
que no se daña, porque lo que importa no es acabar con
su vida, sino afirmar la propia, demostrarse a sí mismo
no ser menos; superar en bravura, destreza, fuerza y poder
a ese padre temible: igualarse al dios. Se trata de un gesto
de infinita rebeldía: se trata de un rito blasfemo de
profanación al tótem.
En el curso de estos días, con los toros sueltos por
las calles, los turolenses corren, persiguen, burlan y recortan,
evitando la embestida de la fiera y, el ápice del riesgo
y en la linde de la muerte, afirman estar vivos y proclaman
su alegría de existir. Contemplar ese espectáculo
acodado en una empalizada, en el alféizar de una ventana,
o desde lo alto de un balcón, aboca a un abismo que
nos enfrenta al más remoto pasado.
Los lidiadores de Teruel, los recortadores de Teruel, intentan
burlar al Minotauro y porfían por salir del laberinto
del dios astado. Los mozos turolenses son los oficiantes de
la gran ceremonia de la profanación colectiva en que
se cimenta esa cultura que, en un intento delirante de universalización,
se ha dado en llamar occidental, sin reparar en que no hay
conceptos más irónicos y huidizos que los de
Oriente y Occidente.
Esos jóvenes que muestran su rebeldía enfrentándose
al mito invencible, para vencer luego todos los mitos, amparándose
en esa suerte de religión que es la Tauromaquia, hacen
pensar en si esa tauromanía será de origen cretense
o si es acaso un invención ibérica. Burlar al
toro es librarse de su poder y de su fascinante hechizo; es
escapar del laberinto de Dédalo, que impide el libre
vuelo de la libertad; es triunfar de todas la impotencias,
porque en él se encarnan todas las jerarquías
y poderes que no pueden alcanzar más que esos bravos
muchachos, como aprendices de Teseo.
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